César Bona se hace la pregunta que deberíamos hacernos todos los docentes en algún momento de nuestra etapa lectiva y es: ¿cómo tiene que ser un buen docente? Cree que la vocación no es lo más importante, sino que lo que más vale es la actitud para motivar a todos los niños a los que damos clase.
Además añade que debemos educar en empatía, en sensibilidad, en emociones, en respeto... porque si realmente queremos una sociedad mejor, debemos empezar por los niños pequeños, educándoles correctamente desde el principio. Cree que es antinatural el método tradicional de memorización de conceptos y plasmarlos en un examen, y tiene razón ya que no podemos exigir a los alumnos algo que no les va a llevar a ningún sitio ni les va a servir en su futuro.
Si no te gusta tu trabajo, puedes cambiarlo pero los alumnos no pueden cambiar. Por ello debemos motivarles y ayudarles en lo que necesiten para que la escuela se convierta en un lugar donde los alumnos quieren ir. Esto hará que asimilen mejor los conceptos y les escuchemos cuando nos quieren decir las cosas sin decirlas.
Finalmente, hay que decir que en todas las aulas hay niños con necesidades y están esperando a que les escuchemos y les ayudemos; además de que ellos también nos pueden ayudar y enseñar a nosotros ya que son todo creatividad, son curiosos y todos estamos hechos de emociones. Nuestra misión como profesores es darles las herramientas para que sean niños y adultos felices ya que si no saben respetar a los que tienen al lado o no saben reaccionar, no importan todos los estudios que tengas. Tu educación no habrá servido para nada porque no serás feliz.
'Entre todos tenemos que devolver a la educación al lugar donde se merece, porque de nosotros, los maestros y maestras depende hacer del mundo un lugar mejor'.
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