Es una metodología que, bajo mi punto de vista, reúne todos los factores necesarios para tener un gran resultado en las
aulas.
Pone al alumno como centro del
aula, tomando al docente como guía y ayudante en la construcción del
aprendizaje, en lugar de ser el transmisor de los conocimientos. El maestro
deja que sea el alumno el que investigue y utilice todo su potencial para
aprender. Da importancia al niño y a su entorno por encima de lo curricular. El espacio en el que se encuentran los alumnos
se considera como un maestro más; todos los rincones del aula tienen una
identidad y propósito. Esta metodología hace partícipes a las familias de todo el
proceso educativo de los niños, integrándolos en su proceso de aprendizaje.
En
mi opinión, una buena práctica docente no acaba en la escuela sino que puede
trasladarse a casa y que continúe con las familias.
De esta forma se consigue que el alumno
se sienta cómodo en su lugar de trabajo, dejándole libertad para explorar y
aprender de forma sana.
En mi opinión uno de los puntos más
importantes es la reflexión de lo aprendido, que todo aprendizaje lleve consigo
una práctica en la que los niños puedan experimentar y conocer por ellos
mismos.
Creo que si apostamos por una escuela activa obtendremos alumnos
motivados.
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